Menos Zaha e máis Barragán

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A finales de la década de los 70, Francisco Gilardi consigue, con no pocos esfuerzos, que Luis Barragán, tras un prolongado periodo de inactividad acepte el último encargo de su vida.

Barragán pone como condicionantes un espacio para el agua y el mantenimiento de la Jacaranda, (de cuya flor se extrapola el color empleado en el cuerpo principal)  y acepta además, por la cercanía de su vivienda-estudio, que le permitiría realizar las visitas de obra con relativa comodidad.

En una visita reciente a México D.F, tuvimos la satisfacción de poder recorrer la casa en compañía de su inquilino, Martín Luque, estudiante de Arquitectura.

Hablamos sobre las influencias de algunas técnicas constructivas tradicionales en las texturas de Barragán, del aprendizaje del color y la influencia de Chucho Reyes en su obra, así como de  las conexiones con los artistas Joseph Albers y Mathias Goeritz.Nos llamaron la  atención la introspección de la vivienda, preservando el ambiente doméstico ante el contacto directo del mundo exterior, la posición y carácter del estar como espacio de reunión pero en la intimidad y la conexión de todas las estancias a través de espacios que  filtran la luz y generan atmosferas  abstractas, casi monacales.

Por curiosidad le preguntamos si recibían muchas visitas de arquitectos españoles.
Nos mencionó a Andrés Jaque,  la incesante llegada de arquitectos japoneses (a causa de la influencia de Barragán en la obra de Tadao Ando), asi como  la visita de Zaha Hadid  y Toyo  Ito.
La primera, nos decía, había mostrado un interés contenido.
Toyo Ito manifestaba una devoción y admiración profunda  por la obra de Barragán y por esta vivienda en particular.
Comentando la diferencia de reacciones, Martín nos dijo que la respuesta del japonés  al final de la visita fue: “el mundo necesita más Barraganes y menos Zahas”.
Amén.

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